Un Cuento de Piratas, relatos, relatos cortos, poemas, poesias, relatos breves, microrrelatos, chistes, refranes, historias, anecdotas, frases, citas, piropos,cuentos de piratas cortos,historias de piratas cortas,cuentos cortos de piratas,historias cortas de piratas,cuento de piratas cortos,cuentos de piratas largos,cuento corto de piratas,cuento de piratas corto,cuentos cortos de piratas para niños,historia de piratas cortas

www.relatos-cortos.es 

  • Tamaño del texto

Un Cuento de Piratas

Y erase una vez y será un cuento sobre una clase de la escuela de niños y niñas bien valientes. Poca broma, ya que estos viajaron bien lejos con un barco esperando encontrar la mayor de las aventuras, y la encontraron...


Todo comienza cuando terminan de construir su barco, bien armado y elaborado. Mirar si estaba tan bien hecho que este empezó a moverse por si solo, haciendo sonar de fondo el característico mar  que debía acompañarlo... ¿Pero qué diantres es eso? ¡Es el mar! ¡Mirad por la ventana!

Es entonces que todo empezó a llenarse de agua, a inundarse por los cuatro costados y los niños junto a la profesora Vicen subieron al barco para flotar y navegar hasta donde este les llevara. Las risas fueron mil, y el barco como por arte de magia atravesó la pared para salir de la clase y mostrar a los niños como todo se había inundado. Ahora el mundo era un lugar más azul y bello, donde el sol se podía bañar a gusto y donde todos los habitantes de la ciudad navegaban con sus barcos a todos lados, hasta para hacer la compra.

Entre edificios y casas flotantes navegaron los niños de la clase mientras el cielo se llenaba de nubes parecidas al algodón. Cada uno decidió vestirse de pirata, pero siempre a su gusto y con parches, garfios y patas de palo incluidos.
Su profesora era la capitana y llevaba a sus alumnos a mil y un lugares lejanos en busca de aventuras, oro y saberes. Es por ello, como capitana que era, que organizó a su tripulación en cuatro grupos de colores para que cada uno se encargara de una tarea del barco:

El equipo rojo se encargará de ayudar directamente a la capitana en hacer cumplir sus ordenes, así que aquí figuraran el contramaestre y los oficiales, aquellos que serán los capitanes si la profesora no estuviera. El orden, el estado del barco y cuidar los demás equipos es su cometido, y se asegurarán que cada tripulante está en su sitio y que las cosas funcionan bien en general.

El equipo azul mantendrá todo limpio y ordenado, así como se aseguraran de que todo el mundo sea educado. Sí, sí, incluida la capitana, que por ser la jefa no tiene derecho a decir tacos.

El equipo verde velará por las provisiones y preparará la comida, en alta mar es muy importante el alimento para evitar caer enfermos y estar siempre fuertes ante cualquier situación.

Y finalmente el equipo amarillo buscarán nuevas tierras a las que navegar para poder explorar, atesoraran los preciados tesoros que encontrarán y dibujaran los mapas que dicen donde están enterrados o donde se hayan las rutas a las islas más próximas.

Ya bien organizados los grupos y de pasar lista la capitana, zarparon una vez más en busca de aventuras y desventuras.



Un día, algo terrible pasó, alguien malvado ya no quiso que esta historia fuese cuento.
El Capitán Patichungo, el más terrible donde los haya, pirata de largas barbas negras y dientes amarillos, aún estando rodeado de agua jamás se había duchado ¡So guarro! Aún encima su aliento, que volvía el cielo negro de lo mal que olía. Pero a él le daba igual, solo quería escupir e insultar mientras abordaba barcos y robaba sus tesoros al son de una pata de palo que golpeaba con fuerza el suelo. ¡Pom! ¡Pom! Oiréis siempre de lejos avanzar, buscando un tesoro que abarcar. Si algo bueno había que decir de él es que tenía un oído fino para los rumores, y supo entonces sobre el barco mágico de los valientes niños.

Que triste aquella batalla que vivieron los pequeños, donde el malvado Capitán Patichungo secuestró a la profesora capitana Vicen, porque bien se sabe que una mujer sabia siempre es un gran tesoro. Mientras se alejaba el negro barco del Capitán Patichungo, este amenazó con secuestrar también a los papás y mamás de cada uno de los niños. ¡Será mentecato! Algo habrá que hacer ¿no? Así que el contramaestre tuvo que hacerse cargo del barco y organizó a los cuatro equipos para preparar el rescate de la profesora.


¡Qué de aventuras vivieron en busca de Vicen nuestros niños y niñas pirata! Pasaron por mil islas llenas de magníficos recuerdos. Islas como aquella en la que habitaban cangrejos gigantes, otras sin embargo eran las aves las que se hacían grandes. Hubieron islas que flotaban en el aire y otras que se hundían, por no hablar de aquella isla que corría tanto que casi la consiguen atrapar con su buen barco. También hubieron islas de chocolate, islas que miraban y otras que hablaban, islas que se tiraban pedos, otras que bostezaban o incluso aquella isla de oro que bien podría ser un tesoro en sí.
Hubieron tantas islas que son imposibles de citar todas aquí, imagina y recuerda que de seguro se te ocurren mil islas más.

Pero a pesar de tan tremendunas aventuras, los niños de la clase no podían ser aún felices sin su capitana profesora, ¿dónde la habrá llevado ese malvado Capitán Patichungo? Es entonces que cayeron en la cuenta ¡Su risa! ¡Su terrible risa! Si ponían mucha atención, probablemente la escucharían en la lejanía y podrían seguir el rastro, encontrarían a Vicen rápidamente.
Todos los niños a la vez pusieron la oreja atenta esperando escuchar algo. Por ahora el silencio, el suave mecer del mar, olas chocando, gaviotas, ¡Jolgorioriorioriorio!, unas ballenas... espera, ¿qué ha sido eso? Volver a donde estaban las gaviotas y las ballenas... ¡Jolgoriorioriorio! ¡Ey! ¡Esa es! ¡Es la risa del Capitán Patichungo! ¡Izad las velas! ¡Todo a babor hacia esa dirección!

El camino fue largo y lleno de peligros, tormentas y tiburones se interpusieron, pero la fuerza del barco mágico no tenía límites y pudo afrontar todos los obstáculos gracias a la unión de los cuatro equipos que trabajaron bien en conjunto. Al final, la risa del malvado capitán se hacia notar, erizando los pelos de los presentes ¡Jolgoriorioriorio!

¡Ahí está! ¡El barco del temible capitán! Venga, todos a una, ¡Al abordaje! Primero fue el equipo rojo para afrontar los peligros de abordar un barco pirata enemigo. Las espadas chocaron y los gritos de guerra aumentaron. Destellos de colores brotaban por el choque de los sables, viéndose una clara ventaja de los niños hacia los temibles piratas.
El equipo azul cargó los cañones con buenas palabras y dispararon a discreción, derrumbando los cañones enemigos antes que estos pudieran siquiera soltar un poco de pólvora. Pensaban buenos chistes y piropos que habían escuchado alguna vez, siendo estos mejores bolas de cañon que las de verdad.
El equipo verde tendió trampas a los intrusos, cada pirata del enemigo que pretendiera entrar al barco mágico sería atrapado con lazos bien elaborados y barriles que caían de lo alto, quedando inmóviles ante un equipo eficiente y sonriente. Hubo una trampa en la que pescaron a varios piratas malvados de un golpe, siendo pegamento en el suelo y anzuelos que les estiraron hasta dejarlos sin ropa para risa y burla del equipo verde.
El equipo amarillo no fue menos, y se filtró en el barco enemigo en busca de la profesora, saboteando trucos sucios que tenía preparado el enemigo y poniéndoselo difícil para que no pudieran pasar siquiera al barco mágico. Encontraron un perro guardián de tres cabezas, la mascota del Capitán Patichungo, pero resultó ser dócil cuando lo acariciabas y rascabas, viéndose lo mal que lo trataba el capitán y que tan solo necesitaba un poco de cariño que los niños supieron darle.

Es al fin que uno de los equipos pudo encontrar a la profesora, la cual se alegró de ver a sus niños. Acto seguido fueron avisados los demás equipos y acudieron raudos como el rayo para rescatar a su bien preciada capitana. Pero como en todo buen cuento, el malo de turno, nuestro feo Capitán Patichungo, se interpuso en el camino dispuesto a impedir el rescate. Con su sonrisa amarilla confesó que quería casarse con la profesora, pero esta no le quería ver ni en pintura.
Sin más tardanza, los cuatro equipos se enfrentaron al capitán en un duelo de sables bestial, donde todos daban lo mejor de sí. A pesar de la obvia ventaja en número que tenían los niños, el Capitán Patichungo los derrotaba como quería, era hábil con el sable y daba vueltas sobre sí mismo para esquivar los ataques. Aún encima vacilón, ya que comía con una mano una manzana y con la otra manejaba sin igual el arte de la espada.

¡Rápido! ¡Hay que combatirle con otros metodos! ¡Saquemosle burla! Y todos los pequeños a hacerle muecas. Esto no agradó a Patichungo, así que se tapó los ojos y siguió a lo suyo, peleando sin igual ante la clase. ¡Probemos a darle palmas! ¡Lo leí en un cuento! Y todos hicieron caso, las palmas confundieron al malvado Capitán pero se tapo los oídos. Fue un error, ya que no podía hacer las dos cosas, taparse los oídos y los ojos a la vez.
Fue entonces que la profesora Vicen lo gritó, el punto débil de tal hábil bribón, y al parecer era la risa, algo que no soportaba por su mal humor.
Los niños hicieron caso y comenzaron a reírse. Al principio costaba, pero luego salió tan natural y vivo que el mar se inundó de buenas risas de niño. El Capitán Patichungo hizo una mueca de desaprobación e intentó taparse los oídos ¡Odiaba el buen humor! ¡Qué tipo más vil...!
Risas por aquí, risas por allá, todo se lleno de la alegría más absoluta, pidiendo al final clemencia el malvado al que se enfrentaban, el cual ya no parecía tan temible y si más persona como somos.

Liberaron a la capitana profesora Vicen, y gritaron todos a la vez un hurra para celebrar tan buena victoria ¡Hurra! Es entonces que prepararon una cena en honor al rescate, su capitana estaba ya a salvo. Pero... de nuevo, algo terrible sucedió, y es que... ¡no quedaba postre! Con las prisas del rescate y los largos viajes se habían olvidado comprar aunque fuera un tonto dulce. Pero ya que esa noche era sobre sorpresas, el Capitán Patichungo hizo aparición una vez más para sorpresa de todos y todas, pareciendo ahora su aspecto de cocinero más que de terrible pirata. Confesó que había hecho mal, así que pidió perdón a los niños y niñas, pero principalmente a la profesora por haberla secuestrado.


Que buena acogida tuvo el reformado hombre, ya que este regaló a todos buenos pasteles de su ahora barco-pastelería. Se pudo unir a la fiesta y bailar hasta el amanecer, donde se vio el mar tan hermoso como siempre, bañado a su vez,  por la luz de un sol que anunciaba otro día para la  aventura. Y colorín, colorado... ¡Al abordaje!

¡Deja algún comentario! 

Artículos relacionados